¿Lo sabes?

Lo sabes

¿LO SABES?

♥♥♥♥♥♥♥

¿Sabes

que mi esperanza

se prende

de tus ojos malos?

¿y que a través de ti

Él no me ha olvidado?

♥♥♥♥♥♥♥

¿Que me llama

y juega conmigo

en las olas fugaces

del tiempo?

¿Y en su red

me rescata

de tus aguas amargas?

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¿Sabes que moldea

mis días,

y hasta mi dolor

va restando?

¿Que soy suya

más que tuya

en el secreto más amado?

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De mi poemario

“El canto de la tórtola”

♥♥♥♥♥♥♥

Derechos reservados

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AVFIngrid

Incertidumbre

Incertidumbre

INCERTIDUMBRE

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Me duele ese verso

que se aisla;

ese pasar de aguas

tan lento.

♥♥♥♥♥♥♥

Me duele un día más

que se va,

una noche en su adiós

lastimero.

♥♥♥♥♥♥♥

Siempre igual,

todo es lo mismo…

y saboreamos una vida

sin regreso,

mientras el cuerpo

nos va diciendo

que ya no puede más.

♥♥♥♥♥♥♥

Quisiera rasgar

la oscuridad del velo

con ojos de esperanza;

y el final de mi tiempo

poder indagar.

♥♥♥♥♥♥♥

Mas no sé si voy

o si vengo;

sólo sé que en el verbo “estar”

hay incertidumbre.

Y en mi alma

quisiera apaciguar

a un inquieto adiós.

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De mi poemario

“Poemas de terciopelo”

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Derechos reservados

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Mendicidad

Mendicidad

MENDICIDAD

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¿Para quién son

estos brotes

mendigos de tus manos?

¿Para quién

la desvencijada esperanza?

♥♥♥♥♥♥♥

¿A qué alzar

mis blancos sueños

si no treparán más

a tu soledad?

♥♥♥♥♥♥♥

Lejos,

lejos de mí

se arrellanan tus desvelos,

entre ajenas palabras

y desconocidas pisadas.

♥♥♥♥♥♥♥

¿Para qué mis alas,

si no han de viajar

hacia ti?

♥♥♥♥♥♥♥

Como un ave herida

bajo las sombras

de tu jardín,

esconderé mi vuelo,

olvidada de tus ojos.

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De mi poemario

“El canto de la tórtola”

♥♥♥♥♥♥♥

Derechos reservados

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Agonía de un amor

Agonía de un amor

AGONÍA DE UN AMOR

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Entré en la casona vieja; estaba deshabitada. Sus muebles cubiertos por sábanas polvorientas me hablaban de tu ausencia.  Entré ataviada con mi blanco vestido en el afán de esperarte. Hacía dos horas que me habías enviado un mensaje a mi teléfono: “Aguárdame en la casa donde nos conocimos.” Decías escuetamente.

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Cinco años han transcurrido desde que mis ojos se posaron en los tuyos, y quedamos enlazados para siempre. Un lustro de inviernos y veranos que transcurrieron entre nuestras citas y paseos, siempre juntos, aferrados de las manos…pero hoy un vago presentimiento me dice que no vendrás…Hace tan sólo un mes tuvimos un desacuerdo, un enojo poco frecuente, que nos distanció. Y pensando en ello me he puesto a contemplar en esta tarde, un gran ventanal, por donde se vislumbra el desmayar de las hojas de este otoño.  Paisaje que aumenta el dolor de tu ausencia. Me he vestido para ti; y traje un ramo de claveles para nuestra reconciliación. Pero ya han pasado tres horas y no apareces…mi angustia empieza a crecer.

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El vaivén de un arbusto a través de los cristales le habla a mi tristeza, sus hojas breves, macilentas y ocres, sus desnudas ramas, todo parece verter un llanto noble, que me acompaña y enluta el crepúsculo.  De pronto suena mi teléfono….y un escalofrío me recorre la espalda cuando escucho la voz de una mujer; mi corazón se apresura, mientras ella pregunta mi nombre….yo le contesto afirmativamente, y ella me explica que es la enfermera del Hospital San Bartolomé….y que hay un herido de gravedad que sufrió un accidente, y él le dio mi número antes de perder el conocimiento.

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No puedo escuchar más…se nubla todo a mi alrededor….corro hacia la calle; atrás queda la ventana que un día nos conoció, húmeda por el aliento otoñal….mientras en el piso agonizan los claveles de mi esperanza.

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De mi poemario

“Fragancia espiritual”

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Derechos reservados

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INGRIDZETTERBERG (1)

Luz entre las sombras

 

Luz entre las sombras

LUZ ENTRE LAS SOMBRAS

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Es un reo de rostro sombrío, que ostenta un cigarrillo entre los dedos nerviosos; su boca apretada y hermética deja escapar a veces una blasfemia. Dos guardias se acercan a él, y le dicen algo a través de los barrotes, uno de ellos sostiene un grueso llavero, luego se oye el acostumbrado chirrido de la reja.   Un momento después, lo llevan esposado para escuchar su sentencia. Ya en el tribunal, se deja caer en una silla, abatido. De lejos, unos ojos consumidos de angustia, lo miran. Empieza el alegato entre abogados y los llamados testigos. Y al cabo de una hora se deja sentir un pasmoso silencio, que interrumpe de pronto la voz del fiscal, calmada y trágica. Entonces el presidiario palidece, se queda fijo, estático, por un momento que no parece tener final. Luego se escuchan unos sollozos. Hay en la sala una anciana, con el rostro oculto entre las manos agrietadas, ya cansadas de unirse en la plegaria.

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Después un alboroto de voces, y el acusado recobra de nuevo su aspecto duro, hosco; sabe que se acabó toda esperanza, y sólo su anciana madre como única luz entre las sombras, se abre paso llorando entre la gente, y temblorosa se acerca para besarlo.

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De mi poemario

“Jardines de antaño”

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Derechos reservados

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